Colgante en forma de cabeza representando la vida y la muerte

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Los mayas en los templos de sus grandes alcanzaron la cumbre en la era clásica en la antigua Mesoamérica. En esas ciudades florecieron un buen número de magníficas expresiones artísticas, como murales y esculturas. Los artistas refinaron sus habilidades para representar las formas humanas, las deidades y otros elementos simbólicos de su mundo mágico-religioso. Utilizado en varios rituales y ceremonias, su arte encarnaba un rico simbolismo, cargado de significados complejos, que en gran medida siguen siendo esotéricos y de intencionalidad o eficacia desconocida.

Un buen ejemplo del simbolismo maya es esta pequeña pero excelente obra de arte, tallada en un jade verde moteado, un colgante con la efigie esculpida de la imagen dramática de la vida y la muerte, la mitad de la cara en carne y la otra mitad en el cráneo. La dualidad. La parte de la carne de la cara muestra un ojo abierto y una boca abierta que revela los dientes. Cabe destacar la finura de sus rasgos, sobre todo los labios y la nariz. La otra mitad muestra un cráneo con una cuenca hueca y las dos hileras de dientes perfectas. En cambio, mantiene el cabello, recogido como puede verse en distintas iconografías de los vasos mayas, así como orejas con pendientes circulares grandes, en ambas partes del rostro.

Los antiguos mesoamericanos creían firmemente en la vida, la muerte, el renacimiento y el más allá. Incluso después de la muerte, creían que las personas experimentan un renacimiento después de su viaje por el inframundo. Al aceptar el ciclo natural de la vida humana, los antiguos mayas no tenían miedo de enfrentarse con el concepto de la muerte. Incorporada en su vida diaria y rituales, la idea de vida y muerte a menudo se expresa en varias formas de arte. Aunque se conservan escasos ejemplos como éste. Si bien, son muy conocidas las calaveras humanas con incrustaciones de piedra, y algunos ejemplos de cráneos duales como este en esculturas de terracota. Pero en elementos de joyería como este colgante, hacen de ésta una pieza peculiar e importante dentro de las producciones artísticas mayas que se conservan hoy en día.

Posiblemente perteneció a un personaje masculino bien situado en la sociedad, y con la cuál fue enterrado para su renacimiento. Y quizás llevada en vida y utilizada en actuaciones rituales. Pues la imagen es sin duda una obra de arte poética, su observación invita a enfrentar la idea inevitable de la vida y la muerte.

La cultura Maya se desarrolló en una extensa área, desde el centro-sur de México hasta Guatemala y Honduras. Esta área se compone de tres diferentes regiones: las montañas o Tierras Altas, la selva tropical o Tierras Bajas y las tierras bajas del Golfo de México y península de Yucatán, cada una con recursos propios y diferenciados. La actividad de los mayas durante el período clásico se centró en las Tierras Altas y Bajas, cuyos centros más importantes fueron Tikal y Kaminaljuyú, respectivamente.

Esta cultura comenzó a formarse a partir de los primeros grupos aldeanos y agrícolas que habitaron la zona y participaron de la esfera de intercambio e influencias de grupos del centro de México, principalmente los Olmeca. Alrededor del siglo X d.C., posiblemente producto de la falta de lluvias, del deterioro del sistema ecológico y del descontento social, se produce el abandono de los principales centros cívico-ceremoniales. Posteriormente poblaciones de origen maya se habrían establecido en la península de Yucatán y junto a grupos provenientes del centro de México, principalmente toltecas, conformarían nuevos centros, como Chichén Itza y Mayapán, que perdurarían hasta la llegada de los españoles en el año 1525. Aún hoy existen pueblos que pertenecen a la tradición Maya, desde Yucatán a Honduras, y que continúan con el modo de vida, las vestimentas y la lengua de esta antigua cultura.

La base de su economía fue la agricultura de roza en campos de cultivo o milpas, sembrando, con la ayuda de palos aguzados, principalmente maíz, calabaza, ají y frejoles. Se trabajaba cuatro meses al año y, producto de la erosión, las tierras debían rotarse constantemente. Además, recolectaban gran cantidad de vegetales y frutos silvestres, cazaban animales salvajes, extraían miel de colmenas y pescaban en el mar, lagos y ríos. Como los recursos eran diferentes en cada región, el intercambio jugaba un papel fundamental. Los mayas lograron medir el tiempo y los movimientos de la tierra y de las estrellas, a partir de cálculos que eran realizados por un sistema matemático vigesimal. Desarrollaron dos calendarios, uno solar o haab (de 365 días con 18 meses de 20 días, más uno adicional de 5) y otro lunar o tzolkin (de 260 días), que regulaban las actividades civiles y religiosas respectivamente. Ambos actuaban de forma simultánea, en una rueda calendárica, que transcurridos 52 años cerraba un ciclo y los acontecimientos volvían a repetirse. Además, a partir del legado dejado por la cultura Olmeca, los mayas desarrollaron una escritura de glifos o signos que se distribuían en dos columnas, leídas de izquierda a derecha y de arriba abajo. Ésta se encuentra plasmada en muros y escaleras de edificios importantes, en cerámica y en libros o códices hechos en papel de amate o de piel de venado.

Desarrollaron un estilo artístico único y con una complejidad que suele compararse al barroco europeo. Representan al ser humano de forma muy realista y con correctas proporciones anatómicas, en poses naturalistas y con énfasis en el movimiento. Los principales temas de su arte fueron lo sagrado, lo ritual y lo jerárquico, aunque también hay escenas de la vida diaria y la fauna local, como el mono, tapir, jaguar, murciélago, quetzal, peces y tortugas. La piedra era una de las materias primas más usadas, con ellas se construyen edificios y se tallaban estelas, esculturas y diferentes bajorrelieves y sobrerrelieves que adornan las construcciones. En arquitectura introdujeron la estela-altar, el arco y la falsa bóveda. Además del arte monumental, la estética personal también era importante y por ello hacían adornos de jade, como orejeras, pendientes, collares y máscaras, se deformaban los cráneos y narices y se colgaban un adorno en la frente para quedar turnios. Su alfarería, decorada con pinturas y grabados, ofrece muchas de las más finas piezas de arte precolombino, siendo sus formas más frecuentes los vasos, las escudillas y los incensarios. Los primeros, habitualmente, contienen textos escritos con el sistema de glifos que desarrolló esta cultura.

El culto fue fundamental en los mayas, ya que concebían el mundo terrenal y sobrenatural, inferior o de tinieblas y superior o celestial, como una unidad en que seres humanos, deidades, animales y vegetales estaban estrechamente ligados por el destino desde su nacimiento. Es por ello que acudían a los grandes centros cívico-religiosos en busca del horóscopo y ofrendaban sangre de las yemas de sus dedos, de los lóbulos de las orejas o de la lengua, la cual era depositada en los altares erigidos frente a las estelas. El panteón era amplio, destacando el dios creador Hunab Ku y el dios de la Noche que habitaba el inframundo: el dios Ah Puch. Además, veneraban al Sol, la Luna, Venus y otros cuerpos celestes y fenómenos como la lluvia, cuyo representante es Chaac. Por otra parte, existían dioses tutelares de los distintos grupos sociales y especialistas, como Kukulcán, la Serpiente Emplumada, asociada a la clase dirigente, y Ek Chuah, vinculado con los comerciantes y productores de cacao. Al morir, el individuo podía, dependiendo de sus méritos, ir a descansar eternamente en alguno de los cielos, bajo la frondosa sombra de la ceiba, o bien, padecer permanentemente los tormentos del hambre y el frío en el oscuro inframundo. Si era campesino, se le enterraba en los alrededores de la choza donde había fallecido; si era noble, se le incineraba y sus cenizas eran depositadas en urnas, dentro de bóvedas subterráneas. Si era un gobernante se le construía un templo piramidal como sepultura.

PARALELOS:

- Máscara dual mitad calavera – mitad ser vivo. Tlatilco. Galería Preclásica de la Meseta Central, INAH, Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México, México.
- Sotheby’s. Le soleil de nuit : trésors précolombiens d'une grande collection française. 30 Octubre 2019. Cabeza múltiple. Puebla, Veracruz, México. Lote 20.
- Máscara de la dualidad. Zapoteca Soyaltepec. Clásico Tardío, 600 – 900 d.C. INAH, Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México, México.
- Fragmento de escultura de una figura mitad calavera – mitad ser vivo. Maya. 300 – 600 d.C. National Gallery of Victoria Vera Cruz.

BIBLIOGRAFÍA:

- MARTINEZ DE VELASCO, A. VEGA, M.A. (ed). Los Mayas. Voces de Piedra. Universidad Autónoma de México. Ámbar Diseño. 2015. Páginas 402-413.
- GRUBE, N. (ed). Los Mayas. Una Civilización Milenaria. Könemann. 2006.

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